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MURCIÉLAGOS APASIONADOS

Por Pedro Grancharoff

La selección nacional de fútbol para ciegos, los Murciélagos, se ganó un reconocimiento mundial a causa de sus proezas deportivas. NOS fue a cubrir un entrenamiento y te cuenta por qué son campeones mundiales fuera y dentro de una cancha. Esta es la historia de una pasión ciega que no entiende de limitaciones.

Es una tarde más y los Murciélagos se juntan en el velódromo del CeNARD para entrenar, tal cual lo hacen todos los días. Todos y cada uno de ellos sale a la cancha a practicar con todo el optimismo, la convicción y la certeza de que ese equipo se construye día a día, entrenamiento a entrenamiento. Ninguna práctica es una más porque en cada una se encuentran con el mejor trofeo, la felicidad. Ya ganaron el partido más importante: encontraron su pasión. Su entrenador, Martín Demonte, nos cuenta: “A ellos les gusta hacer los que hacen. Acá se ve algo que quizás en el fútbol profesional se pierde, que es divertirse, disfrutar. Esa es la clave para que esto esté creciendo hace tanto tiempo”. Cada uno de estos murciélagos felices le gana por goleada a su discapacidad y a la adversidad, porque encontró la alegría en sus familias y en su gran pasión, el fútbol.

La selección de fútbol para no videntes se entrena desde 1995 cuando disputó por primera vez un Mundial en España. A partir de ese año, empezaron a escribir su nombre en las páginas gloriosas del deporte. Este grupo fue creado y es estimulado hoy en día por la Federación Argentina de Deportes para Ciegos (FADEC), liderada por Domingo Satela. FADEC, además de apadrinar a los Murciélagos, es la cabeza de otras setenta instituciones que se dedican al deporte para ciegos. Satela para la pelota y aclara lo difícil que es sustentar esta actividad: “La Federación abarca aproximadamente setenta instituciones a nivel nacional. La Secretaría de Deporte de la Nación, dependiente del Ministerio de Acción Social, nos da una ayuda económica con un presupuesto anual en base a los objetivos que queremos lograr en el año. A pesar de esto, lo fundamental de la estructura del FADEC se sustenta, lamentablemente, con ayuda privada. Esto último se utiliza para mantener necesidades básicas como sueldos y expensas. Se torna muy costoso, por eso, buscamos respaldo en publicidades. La mayoría de estos están abocados a los Murciélagos”.

La historia de la Federación no es fácil, se hizo todo desde abajo, a pulmón. El presente se torna más alentador porque los resultados deportivos conllevan beneficios económicos y no siempre porque haya una política de apoyo hacia el deporte para discapacitados. FADEC juega un partido muy difícil año a año para cerrar los números, y es ahí cuando los Murciélagos se vuelven una pieza fundamental del equipo. Claro está que entre un jugador ciego y uno de la Primera división del fútbol argentino no hay puntos de comparación. Unos no cobran sueldo, sólo algunos reciben becas correspondientes a los logros obtenidos, y otros ganan lo que ya se sabe que ganan los jugadores. Satela resume: “De nuestro presupuesto anual, que no baja de 200.000 pesos, los Murciélagos aportan mas del cincuenta por ciento”.

El calor de la tarde es agobiante. Los Murciélagos corren, corren y corren. Las baldosas de la cancha queman los pies y no se escucha ni un reproche, lo único que se hace oír es el “¡Voy! ¡Voy!” que es la manera que tienen de comunicarse en el entrenamiento: cuando se mueven gritan para que los demás sepan para dónde se está dirigiendo. La pelota es especial, en su interior tiene sonajas y cuando ésta gira o se mueve, la bola suena en su interior y así los jugadores pueden saber para dónde se dirige el balón. Su preparador físico Germán Márquez explica: “Con los chicos ciegos tenés que tener en cuenta ser la guía de ellos, vos sos sus ojos, entonces la confianza es fundamental. Cuando la perdés se vuelve complicado, ellos tienen que confiar en uno pase lo que pase. Si es pará, paran; si es seguí, siguen. La confianza es vital. Eso requiere estar siempre muy atento. De todos modos, ninguno de estos chicos que ves en el seleccionado tiene problemas sociales como para no valerse por sí mismo en su vida cotidiana.”.

Los Murciélagos son un equipo sólido, todos se ayudan entre sí. Demonte agrega: “Sólo hay que estar atento en cómo uno puede complementar esa discapacidad; en este caso, que los chicos no se golpeen. Ser el facilitador y el complemento de la discapacidad que tienen es una de nuestras funciones “. Gracias a estas cualidades, el equipo muestra un gran nivel dentro de la cancha y esto trajo sus consecuencias: fueron campeones mundiales dos veces, subcampeones mundiales otras dos veces más y acumulan dos medallas paralímpicas (juegos olímpicos para discapacitados). “El deporte y los Murciélagos en sí fueron un rompehielos en la sociedad. El éxito deportivo que lograron en un deporte que nos hermana a todos logró que este equipo tuviera mucha llegada a la gente. Que los acepten, que los quieran. Y ya no se piensa en ellos como unos pobres tipos que tienen una vida limitada, sino que pueden hacer deporte, hacer lo que les gusta y representar a la Nación en un nivel de excelencia”, agrega el técnico de esta Selección espléndida que, junto a Brasil, son las que marcan la diferencia en el fútbol de sala para ciegos.

La práctica está por terminar, pero la vida de un Murciélago sigue. Tienen sus familias y muchos de ellos trabajan. El partido que les toca jugar no termina con el pitido del árbitro, sigue en su vida cotidiana luchando contra sus limitaciones. Eso sí, ese partido lo ganan cómodamente, aunque es una lucha que no termina nunca y se juega todos los días cada vez que salen a la calle. Todos concuerdan en que lo están ganando y Silvio Velo, el jugador más talentoso, dice: “Yo tengo mi familia, tengo cinco hijos y soy empleado del Estado, así que reparto mis días con el laburo, la familia y el entrenamiento. Soy una persona que se siente uno más en todas partes. No creo que haya diferencias. Por ejemplo, de pibe jugaba al fútbol con chicos que veían, en el potrero. Y no era importante si tocaba la bocha o no, pasa por la pasión. A mí me importaba estar jugando ahí con los chicos en el potrero, y si la agarraba o no, no me importaba. Yo estaba ahí y era mi pasión. Era uno más.” Silvio es ciego desde que nació y desde ese momento supo cuál era su pasión. Además de ser un jugador diferente a los demás, no hubiera llegado a donde llegó si no fuera tan apasionado del fútbol.

Otro de los jugadores del plantel, Eduardo Díaz, nos cuenta qué hace cuando el entrenamiento termina: “Yo trabajo en el Municipio como entrenador de un grupo de chicos también ciegos, soy empleado de la municipalidad. Cuando salís de acá te encontrás de todo. Gente que te ayuda, otra que te pasa por encima, que viéndote no te ve. Pero me es indiferente, yo vivo la vida por mí mismo. O sea, dependo de la ayuda de la gente para cruzar una calle o algo así, pero eso no me quita el ánimo. Acá, en el entrenamiento, me siento como cualquier tipo de la Tierra, pero cuando salís cambia un poquito porque no es el mismo ambiente, en la calle hay de todo. Pero te repito, no le doy mucha importancia”.

El entrenamiento terminó. Todos se saludan y parten para seguir con sus vidas. Van por los pasillos del CeNARD y la gente los saluda, los reconoce, los gratifica. Ellos son los Murciélagos, esos argentinos que dejaron a nuestra bandera en lo más alto en cada competición. Acompañamos a Gustavo Maidana, jugador del equipo, en la salida y nos explica cómo es la relación con la gente: “Desde que se hicieron conocidos los Murciélagos para mí cambió muchísimo la relación con la gente. Yo creo que fue de mucha ayuda, mejoró muchísimo. No me parece bien que para que te traten bien tengas que ser un conocido. A pesar de esto, hay que tener buena onda, ayudarse y dejarse ayudar porque a veces lo necesitamos.” Gustavo analiza las ventajas de ser parte de la Selección y dice que lo tratan mejor por serlo ¿Si no lo fuera, lo tratarían igual? Èl quedó ciego a los 9 años y hasta ese momento jugó al fútbol normalmente: “Después de quedar ciego pensé que iba a ser imposible seguir con esta pasión, pero por suerte conocí gente que me presentó este mundo. Me di cuenta que podía seguir jugando. Había que usar más la comunicación, la orientación. Me encantó, me hizo sentir muy bien. Y acá estoy, en la selección.”

La historia de cada uno es diferente, pero hay algo que nombran todos: la pasión. Ese sentimiento se repite, no hay uno que no lo sienta, que no lo diga. Es la fuerza vital del equipo, a partir de ahí se construye todo, es la piedra fundamental. Los ojos de los Murciélagos son la pasión que sienten ese sentimiento que los motiva a entrenar día a día con el primordial objetivo de ser felices. Esta es la historia de un equipo que no tiene más de quince años y ya logró todo. Es la historia de una pasión ciega. Ellos son los Murciélagos apasionados. Termina el entrenamiento, la vida sigue afuera de una cancha, los Murciélagos lo saben. Ahí afuera, también son unos campeones.

[fuente: Nosdigital]

 

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